México 86: cuando el Mundial llegó entre crisis, hambre y protestas

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Mientras México se preparaba para recibir a miles de turistas y a las mejores selecciones del planeta en el Mundial de 1986, millones de mexicanos enfrentaban una realidad muy distinta.

La crisis económica golpeaba los bolsillos, la deuda crecía y las secuelas del devastador terremoto de 1985 seguían presentes en muchas ciudades del país.

La historia comenzó cuando Colombia renunció a organizar la Copa del Mundo debido a los altos costos exigidos por la FIFA y a su complicada situación económica.

Tras esa decisión, México levantó la mano y en 1983 fue elegido como sede del torneo, a pesar de que gran parte de la opinión pública consideraba que el país tenía prioridades más urgentes.

Conforme avanzaban los preparativos, también crecían las críticas.

Muchos ciudadanos cuestionaban que se destinaran recursos a estadios, infraestructura y eventos internacionales mientras miles de familias enfrentaban desempleo, inflación y problemas para cubrir necesidades básicas.

La inconformidad alcanzó uno de sus momentos más simbólicos durante el sorteo oficial del Mundial, realizado en diciembre de 1985 en Televisa San Ángel.

Afuera del evento, mujeres, niños y damnificados por el terremoto protestaron con una frase que se volvió histórica: “No queremos goles, queremos frijoles”.

Un país golpeado por múltiples crisis

Además de los daños causados por el sismo, el país atravesaba una severa crisis económica.

El salario mínimo perdía valor, el dólar se disparaba y miles de trabajadores enfrentaban incertidumbre laboral.

En Nuevo León, por ejemplo, la quiebra de Fundidora Monterrey dejó sin empleo a miles de familias y aumentó el malestar social.

A pesar de ese escenario, el gobierno de Miguel de la Madrid mantuvo el compromiso mundialista. Durante las semanas del torneo también se aplicaron restricciones a manifestaciones públicas bajo el argumento de garantizar la seguridad y el desarrollo de la competencia.

El Mundial que ocultó otra realidad

Mientras las cámaras internacionales mostraban estadios llenos, fiestas y celebración futbolera, diversos sectores denunciaban que se intentaba proyectar una imagen distinta a la realidad que vivía gran parte del país.

Incluso hubo señalamientos sobre trabajos de embellecimiento urbano para ocultar zonas afectadas por la crisis y el terremoto.

Cuarenta años después, el Mundial de 1986 sigue siendo recordado por sus grandes partidos y figuras históricas, pero también por una frase que resumió el sentir de miles de mexicanos: antes que el espectáculo, muchos exigían soluciones a los problemas que enfrentaban todos los días.


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