En Corea del Sur, algunos dueños llevan a sus mascotas a consultas de tarot. Perros, gatos e incluso reptiles intervienen en la selección de cartas mediante movimientos como tocarlas u olfatearlas; después, una persona interpreta esos naipes como mensajes sobre sus emociones.

Una de las lectoras que ofrece el servicio es Hwang Soo-kyung, responsable de Ace Sophia en Seúl. Su método toma como elección los contactos que hace el animal con las cartas, sin que la mascota pueda explicar qué significa ese movimiento.
Lo que una carta puede y no puede revelar
La propuesta responde a una inquietud familiar para muchos tutores: saber cómo se siente un compañero que no puede hablar. Las lecturas prometen poner palabras a miedos, vínculos o preocupaciones que los dueños creen reconocer en su comportamiento.
Conviene distinguir el contacto con la carta de la interpretación posterior. Lo primero es una acción observable del animal; lo segundo es el significado que le atribuye la tarotista. La consulta no demuestra que el perro o el gato haya comunicado un mensaje mediante el naipe.
EN FOCO
Tocar u olfatear un naipe es una acción observable. El mensaje que se le atribuye es una interpretación.
El resultado es una escena curiosa sobre la relación entre personas y mascotas. Los animales participan con patas y olfato, mientras sus dueños buscan respuestas. Esa lectura simbólica tampoco permite establecer por sí misma una enfermedad o sustituir una evaluación veterinaria.



