En la pista de hielo de Milán, Donovan Carrillo volvió a confirmar que su trayectoria se construye con disciplina, sueños y valentía.
El patinador mexicano salió decidido a competir en su segunda final en la máxima justa internacional y mostró, en cuatro minutos, la evolución técnica y artística que lo ha convertido en referente latinoamericano.
Ataviado con un traje negro que proyectó energía y carisma, Carrillo saludó al público antes de apropiarse del escenario.
Desde el primer compás, dejó claro que no sólo ejecutaría una rutina, sino que contaría una historia sobre hielo.
Ritmo clásico y dedicatoria personal
Bajo el ritmo inmortal de Elvis Presley, el mexicano inició una coreografía diseñada por Benoit Richard.
Cada movimiento combinó precisión técnica y carga emocional, en una presentación dedicada a su abuela materna, quien siempre disfrutó esas melodías.
Carrillo fue el segundo competidor en salir a la pista. Con saltos triples y dobles abrió una secuencia que marcó el tono de un programa libre dinámico, ejecutado con seguridad y fluidez en cada desplazamiento.
Respaldo tricolor en la grada
Desde el primer elemento, los aficionados mexicanos respaldaron al tapatío de 26 años.
El inmueble se llenó de banderas y aplausos que acompañaron cada giro, cada transición y cada salto, en un ambiente que impulsó su desempeño.
El patinador mantuvo la concentración y sostuvo la sonrisa que lo acompaña desde los ocho años, cuando comenzó su carrera. Su ejecución, con apenas mínimos errores, se convirtió en la mejor de su temporada y evidenció su crecimiento competitivo.
Puntuación que lo consolida
Al finalizar, Carrillo besó la pista en señal de gratitud, levantó los brazos y recibió el reconocimiento de su equipo.
El jurado le otorgó 143.50 puntos en el programa libre y un acumulado de 219.06, calificaciones que lo colocaron entre los protagonistas rumbo a Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026.



