La Organización Mundial de la Salud define la diabetes como una enfermedad metabólica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre que, con el tiempo, pueden causar daños graves en corazón, vasos sanguíneos, ojos, riñones y nervios.
Ante este panorama, la alimentación juega un papel determinante para reducir riesgos y mantener estables los niveles de azúcar en sangre.
El papel de los carbohidratos
La nutrióloga Andreina de Almeida, colaboradora de la revista médica Tua Saúde, señala que las personas con diabetes pueden llevar un plan de alimentación variado, siempre que cuiden la calidad y porción de los carbohidratos.

Aunque el pan es un carbohidrato complejo, no está completamente prohibido.
La clave está en elegir versiones adecuadas y moderar las cantidades.
Los especialistas recomiendan priorizar carbohidratos de absorción lenta, como legumbres, garbanzos, cereales integrales y frutos secos.
Estos alimentos, ricos en fibra, permiten un aumento gradual de la glucosa.
La fibra retrasa la absorción del azúcar y evita picos bruscos en sangre, lo que ayuda a mantener un mejor control metabólico.
¿Qué tipo de pan es mejor?
Para quienes viven con diabetes, las mejores opciones son panes elaborados con masa madre, grano germinado, avena, trigo integral o centeno.

Estas versiones aportan más fibra y tienen menor impacto glucémico.
En contraste, el pan blanco y los productos con azúcares añadidos se absorben rápidamente y pueden generar desequilibrios en los niveles de glucosa.
Porciones recomendadas
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a través de su Catálogo Maestro de Guías de Práctica Clínica, establece porciones orientativas: una pieza de pan de siete granos, una rebanada de pan integral de caja o una pieza de pan integral para hamburguesa de 30 gramos.
También recomienda moderación con palitos de pan (dos piezas equivalentes a 60 gramos) o una pieza de pan tostado integral de 60 gramos, siempre dentro de un plan balanceado.
Además del pan blanco, las personas con diabetes deben controlar el consumo de frutas —limitando a una ración por comida—, harinas refinadas, productos con azúcar añadida, mieles, mermeladas, lácteos azucarados y bebidas alcohólicas en exceso.
Las carnes procesadas y jugos endulzados también pueden alterar el equilibrio glucémico si se consumen con frecuencia.
La cantidad de pan que puede consumir una persona con diabetes depende del tipo, la porción y sus hábitos diarios, incluyendo la actividad física.
Por ello, la recomendación principal es acudir con un profesional de la salud para recibir un plan alimenticio individualizado que permita mantener el control de la enfermedad sin sacrificar variedad en la dieta.



