La operación en la que fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), puso en la mira a una de las unidades más discretas del Ejército Mexicano.
Se trata del cuerpo de Fuerzas Especiales, conocido popularmente como “los murciélagos”, una agrupación de élite integrada por cerca de dos mil efectivos entrenados para operaciones de alto riesgo.
El capo de 59 años murió el 22 de febrero durante un operativo militar que logró ubicarlo en un exclusivo condominio de Tapalpa, en el estado de Jalisco, gracias a información de inteligencia estadounidense.
Con esta acción, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y las fuerzas armadas se anotaron un golpe significativo contra el crimen organizado, en medio de constantes críticas internacionales por la estrategia de seguridad en México.
Semanas después del operativo, periodistas de The Associated Press pudieron observar parte del exigente entrenamiento de una de estas agrupaciones en el Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl, en el Estado de México.
A más de cuatro mil metros de altitud y con temperaturas bajo cero, los militares realizan caminatas con mochilas de hasta 25 kilos, recorriendo inicialmente 12 kilómetros diarios hasta superar los 30 kilómetros en condiciones de nieve y terreno montañoso.
En el campamento improvisado, los soldados organizan equipo, alimentos y agua antes de iniciar las jornadas.
Durante las comidas, uno de los militares mantiene en alto un banderín de la agrupación junto a un cráneo de cabra, símbolos que representan la moral, la mística y el espíritu de cuerpo de la unidad mientras enfrentan entrenamientos físicos extremos.
A diferencia de otros cuerpos del Ejército, los integrantes de esta unidad mantienen su identidad en reserva.
No portan insignias visibles ni sus apellidos y, al ingresar, adoptan un nombre secreto acompañado de un número que los identifica durante su permanencia.
El escudo que los representa muestra unas alas de murciélago sobre el mapa de México, emblema que dio origen a su apodo.
Antes de iniciar la ascensión al Volcán Iztaccíhuatl, los soldados realizaron un ritual en un punto conocido como “La Joya”, donde rindieron tributo a la llamada “Mujer Dormida”.
En una breve oración colectiva agradecieron a la montaña por permitirles entrenar en su territorio, mientras dejaban piedras y tablas con los nombres de los participantes y la frase “Todo por México”, símbolo de la mística que acompaña a esta fuerza de élite.



