Lo que parecía una oferta de trabajo terminó en una pesadilla. La Policía desarmó una banda que operaba desde las cárceles de Sierra Chica y Merlo, donde presos se hacían pasar por representantes de agencias de modelos para engañar y extorsionar a mujeres, incluso menores de edad.
Las víctimas eran contactadas por redes sociales como Instagram y TikTok.
Les prometían trabajos como modelos de ropa interior y les pedían fotos o videos “de prueba”.
Una vez que obtenían el material íntimo, comenzaban las amenazas.
Según la investigación encabezada por el fiscal Ernesto Daniel Ichazo, los delincuentes exigían más imágenes o dinero bajo la amenaza de enviar el contenido a familiares, amigos o compañeros de escuela.
En algunos casos, los mensajes eran cada vez más violentos y desesperados.
Si la víctima se negaba, los extorsionadores advertían que publicarían todo en redes sociales o lo enviarían a su entorno más cercano. El miedo era su principal arma.
Pero la red iba más allá. Con las imágenes obtenidas, los delincuentes creaban perfiles falsos para atraer a hombres. Luego los llamaban fingiendo ser policías y los acusaban de hablar con menores, exigiéndoles dinero para “evitar problemas legales”.
El líder de la banda estaba preso en la cárcel de Sierra Chica y su cómplice en la Unidad Penitenciaria de Merlo.
No era la primera vez que el jefe era investigado por delitos similares. Con este operativo, la Policía logró dar un nuevo golpe a esta organización que operaba tras las rejas.
Las autoridades pidieron a la población no enviar fotos íntimas a desconocidos y denunciar cualquier intento de extorsión.



