Cada 14 de febrero, decenas de parejas acuden al Callejón del Beso, en Guanajuato capital, para sellar su amor en el emblemático tercer escalón. El sitio, ubicado a unos pasos del Mercado Hidalgo, se alcanza tras subir 40 metros por el callejón El Patrocinio desde la calle Juárez y la Plaza de Los Ángeles.
Entre dulces típicos, souvenirs y pergaminos con leyendas, el estrecho pasaje se convierte en escenario de promesas y fotografías.

En el tercer escalón y desde los balcones casi enfrentados, cientos de enamorados recrean la trágica historia de doña Ana y Carlos, que data de hace más de 300 años.
La tradición advierte que el beso en ese punto funciona como amuleto de buena suerte; omitirlo, dicen los narradores, puede desatar infortunios. La escena se repite como un ritual colectivo que mezcla turismo, teatro popular y superstición.
De 9:00 a 19:00 horas, Mario Hernández, narrador de leyendas desde hace 38 años, anima la jornada con una retahíla de “tipos de besos”.
Enlista el del monaguillo, el del microondas, el del torero o el del pajarito, y suma otros con doble sentido que arrancan carcajadas. “Queremos que la gente se alegre”, afirma mientras conduce a las parejas a posar ante los paseantes y fotógrafos.
Mario intercala humor y respeto. Describe el beso del árabe, el del mexicano con serenata o el de la vaca, y adapta su discurso a cada público.
Asegura que atiende por igual a parejas del mismo sexo, adultos mayores o familias con bebés. “Aquí todos son bienvenidos”, sostiene, mientras la fila avanza al grito de “¡Beso, beso!”.
El Callejón del Beso también se convierte en escenario de propuestas de matrimonio.
Mario relata que algunas parejas regresan años después con hijos para repetir el ritual. Vive de la propina voluntaria: a veces recibe monedas, en ocasiones 50 o 100 pesos e incluso dólares. Con ese ingreso ha mantenido a sus cinco hijos. “Siempre me encomiendo con el Jefe de allá arriba”, comenta.
La afluencia turística aumentó el primer fin de semana de febrero de 2026 y creció en vísperas del Día de San Valentín.
Visitantes de Ciudad de México, Monterrey y distintos municipios de Guanajuato forman filas para subir a los balcones —algunos pagan 50 pesos— y vivir la experiencia.
También llegan extranjeros, incluidos japoneses y estadounidenses, atraídos por la leyenda que muchos consideran más conmovedora que la de Romeo and Juliet.



